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16 agosto, 2021

¿Quiénes desarrollan y hacen posible el proyecto GeoVin?

Detrás de toda iniciativa hay personas con sus propios intereses, inquietudes y deseos, lo cual enriquece profundamente el intercambio y los resultados. El proyecto GeoVin no es la excepción y por eso queremos contarles un poco sobre el recorrido de sus integrantes.

Gerardo Aníbal Marti (Investigador Independiente del CONICET), Soledad Ceccarelli (Investigadora Asistente del CONICET), Agustín Balsalobre (Profesional Asistente del CONICET) y Joaquín Cochero (Investigador Adjunto del CONICET) son los/as integrantes del equipo GeoVin. Cada uno/a tiene un importante recorrido en investigación y esos aprendizajes son hoy puestos en juego en este proyecto de ciencia participativa, cuyo objetivo principal es la recopilación de información geográfica de las diferentes especies de triatominos (vinchucas) que se encuentran distribuidas en Argentina a través de la participación de diversos actores sociales.

 

Agustín se define como biólogo, trabajador del CEPAVE y docente, identidades que se cruzan permanentemente. “En el laboratorio ayudo y colaboro con varios grupos de investigadores a desarrollar tareas básicas como el mantenimiento de las colonias, ya sea con la alimentación de insectos vectores como las vinchucas y mosquitos, y con la cría masiva de algunos de estos insectos”, relata sobre su trabajo el profesional, que participa además en experimentos y ensayos a corto y largo plazo. “Por ejemplo, con las vinchucas lo que hacemos es trabajar con un virus que las mata, por lo tanto lo que hay que hacer es continuamente ir incorporando vinchucas a esas colonias, y de esa manera ir sacando las vinchucas muertas, colectando el virus y purificándolo para poder tenerlo vivo. El virus sólo vive solo dentro de las vinchucas, no hay otra manera de mantenerlo”.

Por otro lado, Agustín se encarga de la colecta a campo, que implica viajar a distintas provincias de Argentina donde es más común encontrar vinchucas. “Las vinchucas se colectan de distinta manera”, detalla Agustín, “puede ser con trampas de luz, que es un método pasivo que atrae a la vinchuca, o de forma manual, que implica la búsqueda en peridomicilios (gallineros, corrales) y el uso de pinzas”. En el regreso al laboratorio, la siguiente tarea es el análisis de las vinchucas, una por una, para saber si están infectadas con el Trypanosoma cruzi, que es el agente causal de la enfermedad de Chagas. Este proceso supone presionar levemente a la vinchuca con una pinza para obtener su materia fecal y observarla en un microscopio. En esta línea, Agustín resalta una tecnología propia del CEPAVE: “En el laboratorio desarrollamos un alimentador artificial para las vinchucas, con la cual podemos dosificar la sangre que les damos y también podemos infectar con algún patógeno (virus o protozoos, por ejemplo) a esa sangre y por lo tanto a los insectos que se alimenten de ella”.

La tarea de campo también es una de las actividades principales llevadas adelante por Gerardo, también biólogo, docente e investigador, que ingresó al CEPAVE en el 2000 como becario. “En el laboratorio desarrollamos principalmente dos líneas, una que abarca la eco-epidemiología de la enfermedad de Chagas, y otra la de los microorganismos asociados a los triatominos, con la cual comencé mi tesis doctoral. Cuando digo microorganismos me refiero a que nosotros aislamos insectos capturados de campo, virus, bacterias, hongos y nemátodos, que naturalmente matan a las vinchucas. Y lo que tratamos de hacer en el laboratorio es poder criar esos microorganismos para poder luego utilizarlos como control biológico para tratar de reemplazar a los insecticidas químicos que actualmente se usan”. Por este motivo, la captura de vinchucas es un paso fundamental en su tarea.

“Como ya se mencionó, nosotros hacemos viajes de campaña y colectamos las vinchucas en domicilios y peridomicilios. Pero también nos alejamos y revisamos cardones, nidos de aves y huecos de árboles. Todas las especies de vinchucas se encuentran en el ámbito silvestre, pero algunas van colonizando los peridomicilios y hasta los domicilios, como en el caso de Triatoma infestans que es la más conocida por todos”, explica Gerardo.

Alimentador artificial para vinchucas desarrollado en el laboratorio

Soledad, que también es bióloga y docente, se desarrolla profesionalmente en torno a la ecología y la distribución geográfica de los triatominos incorporando la perspectiva social. “Hace muchos años que vengo trabajando la problemática del Chagas tanto en el CEPAVE como en el grupo “¿De qué hablamos cuando hablamos de Chagas? Mi línea de investigación, que comencé con el doctorado, tuvo que ver con recabar información geográfica y ver patrones de distribución de las especies de vinchucas que están habitando el territorio argentino e incluso las de América. Todo ese estudio me hizo tomar un nuevo camino cuando entré a la carrera de investigadora: incorporar aspectos sociales y culturales al trabajo”.

En esa línea, Soledad explica que a partir del trabajo en territorio con las comunidades, la intención es que los mapas se resignifiquen e incorporen los saberes y los conocimientos de las personas afectadas. “Me siento muy contenta con esto porque implica que se genere una confluencia entre la parte entomológica, ecológica y la parte social de lo que es la problemática en sí”.

Al igual que sus compañeros, Joaquín es biólogo, docente (en la Universidad Nacional de La Plata y en la Universidad Nacional de San Antonio de Areco) e investigador, y trabaja en el Instituto de Limnología Dr. Raúl Ringuelet. Uno de sus intereses en los últimos años estuvo centrado en la ciencia participativa y abierta, por lo cual estudia y trabaja en proyectos que se guían por esos principios como GeoVin y Caza Mosquitos, y colabora en otras iniciativas a nivel nacional.

“En el instituto lo que estudiamos es la ecología del agua dulce, es decir ríos, arroyos, lagos y demás. Mi trabajo tiene que ver específicamente con contaminación en agua dulce, con bacterias y algas, todo lo que son microorganismos. Tenemos un proyecto específico de ciencia participativa en ambientes acuáticos en donde involucramos a las comunidades locales en lo que es el cuidado de los ríos y los arroyos, sobre todo en los ecosistemas urbanos”, relata el también programador.

Es así que el equipo tiene varios puntos en común, como el trabajo con triatominos y proyectos de ciencia participativa, la docencia y un largo camino en investigación, un profundo interés porque sus aportes tengan un impacto real sobre las comunidades, y que estas se sientan parte. Es decir, que ciencia y sociedad vayan por el mismo carril.